ASCENSOR
Aburrido y distraído caminaba deprisa con dirección al ascensor; tenía que ir a orinar y el baño de caballeros de segundo piso siempre me esta esperando con un mingitorio libre y brillante.
Observe al ascensor cerrarse desde unos cuantos metros atrás y corrí para alcanzarlo y subir a él. Las puertas se detuvieron y volvieron marcha atrás abriéndose por completo y dejando a la vista en su interior a una chica delgada con lentes de sol en forma de corazones rojos, ella había causado el retroceso en las puertas. Entre agitado y con la vejiga llena, le sonreí y me pare frente a ella descansando mi peso sobre la pared del ascensor. Me pregunto a que piso me dirigía.
Respondí:
-Segundo piso por favor-
Una persona fuera del ascensor corrió por alcanzar las puertas cerrándose y no lo consiguió, y ella no lo impidió, y yo no lo impedí. La puerta se cerro en las narices del otro mientras corría gritándonos ¡esperen, esperen!
Ella soltó una risilla y me pregunto:
-¿Oye y cómo te llamas?-
Mi cara no expresaba lo que estaba pasando por mi mente, en ese momento no podía concentrarme en quitarle la vista en el reflejo de mi imagen en sus lentes, era un tanto malévola y deseaba no concentrarme en eso y menos en mis ganas de orinar.
Respondí:
-CORNELIUS-
Ella:
-¡Ah! ¿Oye, y? ¿Siempre estás tan serio, andas solo y no le hablas a nadie?-
Antes de que el número del ascensor cambiara al uno del primer piso respondí su pregunta: (fracción de segundos)
-SÍ, es parte de mi trabajo-
Ella respondía y preguntaba a la vez:
-¿Estar serio y solo, es parte de tu trabajo?-
Afirme con la cabeza antes de que el ascensor llegara al final del primer piso, antes de que parpadearan los números rojos en el tablero. Mi velocidad de razonamiento estuvo aprueba, al máximo, respondiendo, aguantando, observando, ignorando y preguntando. Ni con un millar de simulacros me hubiese preparado mejor.
Las puertas se abrieron, y salí a toda prisa, preguntándole en pleno desplazamiento.
-¿Y tú cómo te llamas?-
Me respondió antes de que saliera.
-Andrea-
Le dije caminando ya fuera del ascensor:
-Nos vemos luego Andrea-
Gire la cabeza y la observe como se asomaba entre las puertas antes de cerrarse mirándome extrañamente. Deje esa imagen en el pasado y camine con más prisa al baño.
Y estaba ahí, el mingitorio esperándome acompañado de los demás mingitorios repletos de sarro.
Después de unos minutos salí del baño con nada en la vejiga y baje por todas las escaleras hasta la bodega, y pensé en que todo había salido de putamadre.
Hoy de nuevo al caminar al ascensor con marcha al tercer piso y acompañado de mi supervisora. Las puertas del ascensor se abrieron dejando salir a un grupo de chicas en el cual destacaban unas bellas piernas bronceadas un vestido azul de cuadros igual al de las camisas que suelo usar, más de aquella piel tersa y a la vista suave, paso la vista por sus clavículas y me dejo ver el rostro de la chica, y resulta ser Andrea. Retraigo la vista y la coloco en el vigilante de sonrisa chueca para después volverla a clavar en los ojos descubiertos de ella. Me observa con una mueca traviesa y me grita:
-¡ADIOS! ¿Qué serio, eh?-
Sólo puedo sonreírle y muevo la mano como un saludo apache, con prisa subo al ascensor y trato de dejar esa imagen en el pasado y esta vez no puedo.